• #76 • Diciembre 2012
    ¡Todos unidos triunfaremos! Entrevista a Jorge Luis Borges
    antUna entrañable entrevista a Jorge Luis Borges, publicada en el libro "La Entrevista. Un autor en busca de sus personajes", de Roberto Alifano.

  • #75 • Noviembre 2012
    Darwin y Gardel
    No, no se trata de algo así como “Don Chicho y Napoleón, Carnera y San Martín…”. Para nada. Los ilustres nombres de Carlos Gardel y Charles Darwin están unidos de cierta manera por la obra de un arquitecto que hemos traído a cuento en más de una ocasión.
    Hablamos de Arturo Prins, arquitecto e ingeniero uruguayo radicado en la Argentina, quien, por encargo de Cristóbal M. Hicken, proyectó y construyó en 1933-34, junto al arquitecto Oskar Ranzenhofer, el Instituto Botánico Darwinion, ubicado en Labardén 200, esquina Estanislao del Campo, Barrio Parque Aguirre, San Isidro.
    Este edificio sería la nueva sede del Instituto, fundado por Hicken en 1911, en su primitivo enclave de Villa Progreso, Partido de San Martín. Lamentablemente, Hicken no llegó a verlo terminado, ya que falleció el 11 de marzo de 1933.
    Hizo donación al Estado, no sólo del edificio sino de todas las inapreciables colecciones, que incluían un Herbario con más de medio millón de ejemplares, y una biblioteca especializada con sesenta mil volúmenes, muchos de ellos de enorme valor.
    Por decreto 40581 del diecinueve de abril de 1934, el PE Nacional aceptó la donación, y el Instituto quedó en el área de la Academia Nacional de Ciencias Exactas, Físicas y Naturales.
    En la actualidad, el CONICET brinda apoyo económico a la entidad, que sigue llevando a cabo sus recoletas actividades en el singular edificio que hoy nos ocupa.
    En el dédalo de calles empedradas que conforman un circuito de difícil resolución para el neófito, se encuentra este edificio, que contrasta visiblemente con los tradicionales chalets anglizantes de la zona.
    Esta obra exhibe un modernismo inusual. Su fachada podría ser algún templo indígena de comic que tapado por las lianas y las marañas de la selva, espera ser descubierto por algún émulo de Indiana Jones. Sin embargo, ciertos detalles como las cortinas de enrollar de las ventanas, o las rejas de la puerta nos vuelven a la realidad.
    También se aprecia el juego de volúmenes en los bloques cúbicos que forman las alas del edificio y los ventanales que sobresalen como ábsides, dando al conjunto un aspecto de bunker blindado, que contrasta con la apacible arboleda de los jardines.
    El traslado de las colecciones y la adecuación interna de salas de exposición, oficinas y laboratorios demandó mucho tiempo, siendo así que el Darwinion fue inaugurado en 1936.
    Como ya dijimos, esta obra de Prins no tiene antecedentes, ya que sus anteriores realizaciones, son, de una u otra forma tributarias del clasicismo.
    La de Rincón 137, de 1925, así lo confirma. Es una grande, armoniosa y sólida casa de rentas, al estilo de las grandes obras de esa década. Estilo francés, persianas de hierro, puerta de rejas, ornamentación sobria y mansarda de pizarra.
    El buen tono y la calidad de los materiales utilizados nos hacen pensar en la equivocada creencia de que este tipo de obras sólo se llevaban a cabo en Barrio Norte. No era así, para nada. Aún subsisten en muchos barrios de Buenos Aires suntuosas residencias, tanto particulares como de rentas, tal este caso, que acreditan lo que decimos.
    Carlos Gardel alquila en 1927 un departamento, y allí vive con su madre, Marie-Berthe Gardes, hasta que se mudan a la casa que adquiere en Jean Jaures 735, hoy sede del Museo que lleva su nombre.
    En realidad, la amplitud de las unidades -hemos tenido ocasión de visitar alguna- las asemejaba más a una casa que a un departamento. Palieres de dimensiones holgadas, ambientes muy amplios, dependencias de servicio, cuarto de planchar, mucha luz, en fin, de todo emana esa imponderable sensación de holgura que sólo se percibe en las casas antiguas con historia. Claro que en esos años no era una casa antigua, sino todo lo contrario.
    Una placa en el frente, al lado de la puerta, inevitablemente, confunde la fecha de nacimiento de Gardel, pero atestigua su paso por esta magnífica residencia porteña que sobrelleva airosamente sus años y su leyenda.

    antCharles Darwin y Carlos Gardel curiosamente relacionados mediante obras tan diferentes como bellas del arquitecto Arturo Prins.

  • #74 • Octubre 2012
    San Martín de Tours

    antEl santo patrono de Buenos Aires carga, como mínimo, con un turbio proceso electoral que concluyó en su designación como protector de la Ciudad.

  • #73 • Septiembre 2012
    Cameru

    antPaul Pater, el refinado y versátil arquitecto francés, opone el clasicismo al racionalismo, calle Riobamba de por medio.

  • #72 • Agosto 2012
    Florencio Escardó
    Cuando se encara la tarea de reseñar en algunas líneas vidas como las del Dr. Florencio Escardó, la duda de por donde empezar suele llevar más tiempo de lo previsto. Y esto sin pretender, ni mucho menos, desarrollar una biografía del personaje, que requeriría varios volúmenes, por la magnitud y la importancia de sus realizaciones.
    Nacido en Mendoza, en 1904, se recibió de médico en 1929, especializándose en Pediatria,  desempeñándose inicialmente en la Maternidad “Samuel Gache” del entonces Hospital Rawson. Sus mayores logros, discutidos y criticados en su tiempo, los concreta en el Hospital de Niños “Ricardo Gutiérrez”, donde trabajó 45 años, larguísima etapa que lo convirtió, ya en vida, en un personaje legendario, al que la gente le abría paso y contemplaba en un silencio cercano a la veneración.
    De talla pequeña, muy erguido, de facciones finas y angulosas y melena blanca leonina, impresionaba por su vitalidad, por la agudeza y rapidez de su conversación y su sentido del humor, que luego volcaría en infinidad de páginas de libros, revistas y diarios de la época, bajo el seudónimo de “Piolín de Macramé”, popularísimo en esos años.
    Sus realizaciones en el Gutiérrez fueron incontables. La principal, sin embargo, fue la más resistida. Consistió, simplemente, en lograr que las madres fueran internadas junto a sus hijos enfermos. Hasta ese momento, los niños eran visitados por dos horas, de 17 a 19, y así hasta el otro día. Cuesta imaginar tanta dureza de corazón, y emociona leer las palabras del Dr. Escardó: “¿Qué puede tener de revolucionario pensar que las madres deban estar con sus hijos enfermos? ¿Cómo alguien puede aprender pediatría si no se está al lado de la madre? Tardé treinta y dos años -agrega- en conseguir que las madres entraran a la Sala en el Hospital de Niños. ¡Treinta y dos años! Es lo único de lo que estoy orgulloso en la vida.”
    No era cierto. Muchos, muchísimos motivos tenía el Dr. Escardó para estar orgulloso. Podríamos recordar, por ejemplo, el hacer que sus alumnos realizaran trabajos comunitarios en la Isla Maciel, para conocer el entorno de la pobreza, o haber creado la Escuela para Padres del Hospital de Niños, o el Laboratorio de Bacteriología Pediátrica, o el Pabellón de Psicología, o tantas cosas que no escapaban a su capacidad de realizador, siempre alerta a lo que pudiera hacerse en favor de la niñez.
    Fue Decano de la Facultad de Medicina, y Vice-Rector de la Universidad de Buenos Aires. Desde allí logró que los dos Colegios dependientes de la UBA, el Nacional Buenos Aires y el Carlos Pellegrini, adoptaran la enseñanza mixta, antes sólo reservada para varones. Esto, que hoy parece tan natural, también causó escándalo en muchas mentes de la época.
    El Dr. Escardó era un gran y sincero demócrata. Esto bastó para que fuera dejado cesante de todos sus cargos en 1976, hecho que, por sí sólo, demuestra la catadura moral de quienes ejercieron el poder en ese entonces.
    Fue autor de decenas de libros científicos, y de otros que tuvieron amplia difusión en su momento, como “Geografía de Buenos Aires”. Presidió la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) y fue miembro de la Academia Porteña del Lunfardo. ¿Qué más? También escribió letras de tangos, uno de los cuales aún se difunde con regularidad: “¿En que esquina te encuentro, Buenos Aires?”.
    En un viaje a París, se vinculó con la barra de amigos de Carlos Gardel, a quien llegó a conocer personalmente, escribiendo luego sobre el gran cantor -a quien siempre admiró sin reservas- agudas y elogiosas páginas.
    El Dr. Florencio Escardó falleció en Buenos Aires el 31 de agosto de 1992. Años después, en el 2004, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires resolvió  que el espacio existente en el cruce de Sánchez de Bustamante y Paraguay, frente al Hospital de Niños se denominara Dr. Florencio Escardó.
    Al pasar frente a ese sucio y mezquino terreno que más que homenajear denigra su ejemplar memoria, sentimos vergüenza de ver allí su nombre, y mentalmente musitamos: ¡Perdón, Dr. Escardó!
    antCuando se encara la tarea de reseñar en algunas líneas vidas como las del Dr. Florencio Escardó, la duda de por donde empezar suele llevar más tiempo de lo previsto. 

  • #71 • Julio 2012
    El castillo de La Boca

    antHabituales incubadores de historias de fantasmas, este curiosísimo castillo ubicado en La Boca también tiene una, a la cual no nos referiremos.

     

    Las formas de edificación pueden ser infinitas. Surgen y se nos representan espontáneamente ranchos, pirámides, mausoleos, palacios, fortalezas, rascacielos, bunkers, catedrales. Todos estos edificios o construcciones son, en definitiva, el resultado de la utilización coordinada de diversos elementos, por caso cemento, arena, hierro, caños, vidrios, madera, cables, piedra, etc., y suelen, en las ciudades, tener un carácter, un estilo, o un aire de parentesco que las agrupa y posibilita una categorización.

     

    Esto permite, en líneas generales, una cotización por zonas, o barrios, que establecen diferencias sensibles con respecto a otros lugares.
    Muchas veces esta diferencia en las cotizaciones no responde estrictamente a razones de mayor o menor distancia, y así tenemos en nuestra ciudad el caso de la Boca y Puerto Madero, casi linderos y que, sin embargo, representan -en el imaginario popular- las dos puntas de la escala.
    Sin embargo, siempre existen excepciones que no hacen más que confirmar la regla.
    Quien piense en un castillo, no piensa en una construcción urbana, sino en una imponente fortaleza de piedra con torres almenadas, rodeada por un foso, y situada en una posición dominante respecto a la comarca que la circunda.
    Nadie imaginaría la construcción de un castillo en la Boca. Pero hace alrededor de cien años, 104 para ser precisos, alguien imaginó y realizó esta peregrina idea. Desde luego, no ideó una pesada construcción militar, ni supuso desde allí soportar un asedio de hordas enemigas.
    Para nada. Es un castillito familiar, simpático, gracioso, sin puente levadizo y lleno de ventanas, muchas con flores y plantas, que desmienten toda pretensión castrense.
    La obra, que ganó el Primer Premio de Arquitectura de la entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires en 1910, fue llevada a cabo por el arquitecto francés, Gustavo Lignac, y se encuentra en la intersección de tres arterias: Benito Pérez Galdós, Wenceslao Villafañe y la Avda. Almirante Brown, lo que da al edificio un cierto aire de proa, que condice amablemente con la vecindad del Río de la Plata.
    La torre almenada que corona el edificio, ornada con figuras geométricas, alberga en su parte superior un tanque de agua, el primero, según se dice, que prestó servicios en todo el barrio, y no es tan poca cosa como para que no lo mencionemos.
    El interior del castillo, al que se accede por una puerta de rejas ubicada en la ochava, alberga departamentos de muy buen tono, de nobles materiales y generosas dimensiones, muy al estilo del modernismo de esos años, y en general, el edificio se mantiene en muy buena forma.
    Sus habitantes son concientes de la singularidad de esta obra, que si bien no es única en Buenos Aires, su ubicación geográfica la convierte en una rareza difícil de empardar, aún en una ciudad como esta, plagada por doquier de excentricidades, caprichos y delirios arquitectónicos, no siempre tan simpáticos como el que hoy nos ocupa._1012217

     

  • #70 • Junio 2012
    Edificio Minner
    Se alza en la ochava de Arroyo 804, esquina con Juncal. Es obra del arquitecto húngaro Jorge Kalnay, (1894-1966) de quien nos hemos ocupado más de una vez, y, por supuesto, lo seguiremos haciendo.
    Este edificio, de 1934, corresponde al período racionalista del arquitecto Kalnay, quien ya había realizado numerosas obras famosas, por caso, las ubicadas en la Costanera Sur, incluido el famoso Munich, hoy sede de la Dirección General de Museos, y otras art-deco, como la sede del ex diario Crítica, que ya hemos abordado en nota anterior.
    Es notable como en las artes se pueden visualizar la  impronta racial de los artistas.                                       El mismo tema, llevado a cabo por un pintor francés no tendrá el mismo tratamiento que le daría un artista alemán.
    En este caso, si comparamos la obra de Pater y Morea de Libertad y Avda. Alvear, también rigurosamente racionalista, y análoga por sus características con la de Kalnay, percibimos en esta un cierto aire rígido, como de fortaleza de los caballeros teutónicos, que la diferencia sustancialmente del estilo fluido y suave de aquella.
    Quizás los tres últimos pisos, que a modo de remate o de cúpula dan sobre la ochava de Juncal y Arroyo, y que cortan severamente la línea de los seis primeros, de grandes balcones curvos sobre la ochava, contribuyan a esta imagen de solidez propia de arquitectura castrense, que caracteriza algunas obras de Kalnay.
    Esta observación, particular por otra parte, no desmerece en nada la armonía del conjunto, en el que nada hay que no se ajuste a las normas de calidad y buen gusto imperantes en esa época de la construcción.
    El granito pulido del revestimiento de planta baja, las puertas de acero, y los mármoles de distintos tonos de los paliers, nos ilustran suficientemente al respecto.
    Podríamos mencionar que en el edificio estaba prevista la instalación de aire acondicionado central, cuyas correspondientes salidas pueden verse en los departamentos, pero, por razones desconocidas nunca fue instalado.
    También desconocemos el porqué del nombre del edificio, pero aventuramos que, como tantos otros de Buenos Aires, correspondería al del propietario de la entonces “casa de renta”.
    Por último, es destacable el entorno en el que se ubica esta magnífica obra. En dos de las esquinas, la sur-este y la sur-oeste, hay también dos espléndidos edificios, en los que se entrecruzan elementos art-decó y racionalistas, y la tercera es la suntuosa mole clásica del Palacio Estrugamou, sobre el que volveremos en algún momento.
    Y finalmente hay una quinta esquina, ubicada en la confluencia de Esmeralda y Arroyo, también muy digna de una nota especial por el singular edificio que la ocupa.
    Una ocurrencia de último momento. ¿Por qué de antaño se conoce como Cinco Esquinas a las de Juncal, Libertad y Avda. Quintana y a estas, también cinco esquinas cuidadosamente contadas se les niega, con notoria injusticia, este epíteto?
    antUna no tan reconocida obra de Jorge Kalnay en "las otras" Cinco Esquinas de Barrio Norte.
  • #69 • Mayo 2012
    Paralelas

    antEl magnífico edificio del arquitecto italiano Gino Aloisi (Italia 1864-Alta Gracia, Córdoba 1924) es una refutación de la definición de la física teórica: que las paralelas se cruzan en el infinito. 

  • #68 • Abril 2012
    Monumentos aéreos
    antEn las alturas de Buenos Aires artesanos (¿artistas?) anónimos embellecieron con estatuas y monumentos muchas construcciones de la edad de oro de la arquitectura porteña.

  • #67 • Abril 2012
    Estatua de la libertad

    antNo muchos saben que Buenos Aires no tiene porqué envidiarle su principal ícono a Nueva York, y que el tamaño es lo de menos.

  • #66 • Abril 2012
    Héroes ignorados

    antEl indolente frenesí de los conductores porteños troncha a diario vidas de anónimos colaboradores que valientemente intentan ordenar el bestial tránsito de la Ciudad. 

  • #65 • Marzo 2012
    Facultad de Ingeniería

    antLa Facultad de Ingeniería carga con diversas leyendas urbanas, ninguna de las cuales da cuenta de la verdad de los motivos de la interrupción de su construcción.

  • #64 • Marzo 2012
    La recova de Once

    antDifícilmente pueda existir algo equiparable en sordidez, suciedad y abandono a la recova ubicada en la cuadra que enfrenta a la Plaza Miserere, sobre avenida Pueyrredón.

  • #63 • Febrero 2012
    Casa Grimoldi
    Con este nombre se conoce al colosal edificio ubicado en Av. Corrientes (1248/58/60) entre Paso y Larrea. Se construyó en 1918, su primer propietario fue Alberto Grimoldi, y su diseñador, el arquitecto italiano Virginio Colombo, de quien ya hemos dado múltiples referencias en anteriores notas sobre algunas de sus obras.
    El apellido Grimoldi está asociado desde hace más de 100 años a la memoria de los porteños. Alberto Grimoldi fue un inmigrante italiano que en 1895 fundó una fábrica de calzados, que logró inmensa popularidad a través de los años, y que, como sabemos, aún existe.
    ¿Quién no recuerda a Grimoldi como “la marca del ½ punto? ¿Quién no oyó de Gomycuer?
    Volviendo al edificio, digamos que sus dimensiones son heroicas: 8200 m2 cubiertos en los 24 m de frente x 87 de fondo. Supone para quienes habitan en el cuarto y último cuerpo del edificio de seis pisos, caminar casi una cuadra entre la puerta de su departamento y la puerta de calle.
    Asomarse a los interminables pasillos de las entradas correspondientes al 1248 y 1260, es contemplar un festival de diseño. Desde las arañas tipo Tiffany, los coloridos vidrios de las puertas, las ornamentaciones que se desarrollan en las paredes y todos los detalles que evidencian la ejecución “a medida”, dan cuenta de la infinita minuciosidad del dibujo, la estupenda calidad de los materiales y la experiencia y profesionalidad de la mano de obra empleada.
    Sabido es, ya lo hemos dicho en alguna nota, que Colombo tenía su propia cuadrilla de operarios, traídos expresamente de Italia para trabajar en sus obras, que por cierto abundaban en esos años.
    Podemos incluir un pequeño comentario al respecto.
    Lo que hoy tanto admiramos en el peculiar estilo Liberty que desarrolló Colombo con tanta fantasía y precisión, parece no haber entusiasmado demasiado a los residentes de la zona de Recoleta y Barrio Norte. No registramos ninguna obra de Colombo ni de sus émulos desde, digamos, la Av. Córdoba al norte. Todas parecen estar circunscriptas a las zonas céntricas, a Congreso, Abasto y fundamentalmente, vinculadas con exclusividad a los altos referentes de la colectividad italiana.
    Seguramente la exuberancia de elementos decorativos, no era considerada de muy buen gusto por quienes habitaban las zonas más caras y exclusivas de Buenos Aires, en las que predominaban los palacetes de estilo francés.
    El edificio Grimaldi está dividido en dos mitades simétricas, con entrada principal a las unidades del primer cuerpo, en el 1254 de Av. Corrientes. El frente, realizado en parte en imitación piedra oscura y en otra revocado, es en verdad digno de estudio, y  de no ligera descripción. Así, los balcones del primero y segundo piso aparecen enmarcados en una columnata clásica que se destaca en el extenso frente. En las bases de las columnas, a la altura del cielorraso de la planta baja, rugen cuatro pétreas cabezas de león, restauradas no hace mucho; y mientras las barandas de los balcones del segundo piso son de rejas, las del primero están realizadas en maciza y decorada mampostería, igual que en el tercer piso.
    Bajo los ventanales del cuarto piso lucen dos blancos frisos poblados de querubines, mientras que el quinto, si bien participa de los lineamientos característicos generales, tiene un diseño distinto a los cuatro pisos anteriores.
    Este piso conforma un increíble duplex con el 6to., y ambos se unen con el segundo cuerpo a través de sendos puentes que atraviesan el primer patio de aire y luz. Este último piso está algo retirado de la línea de edificación y de las medianeras, posibilitando así terrazas laterales, otorgando al conjunto una cierta impronta babilónica, vinculándolo, por ese aire de familia al Palacio de Tribunales, cuya ornamentación estuvo a cargo, precisamente, de Virginio Colombo.
    No podemos dejar de mencionar que el interior de los departamentos es suntuoso. Mármoles, piso de roble de Eslavonia, carpintería de cedro, mosaico veneciano y vitraux, son comunes a todos ellos, desde los internos más pequeños de 50 m2, los del frente que tienen 250 m2, hasta el gran dúplex mencionado de más de 500 m2. Varían los tamaños, no la calidad insuperable.
    La descripción del edificio demandaría una vida, tanto de quien emprenda esta tarea como de quienes la lean, así es que nos limitaremos a mencionar algunas pocas cosas más. La entrada principal tiene un cielorraso abovedado de placas de mármol, en tanto que los muros laterales están cubiertos de frisos con motivos clásicos, también de mármol. También en ella podremos ver un grandioso pórtico de madera tallada, con dos cariátides, que da acceso al palier del ascensor, que es también una pieza de colección, seguramente única en el mundo.
    Los patios interiores, lógica y lamentablemente, no pueden ser vistos desde la calle. Los laterales, más pequeños sí, y son observables por quienes se sitúen en la esquina de Paso y Corrientes. Son un modelo de lo que se dio en llamar “futurismo”, evidenciado en las grandes ventanas redondas, y en las aberturas metálicas curvas ornadas de vidrios de colores de alucinantes diseños.
    Afortunadamente las construcciones linderas son bajas, de modo que se puede apreciar todo el largo del edificio y disfrutar de los detalles de este vanguardista monumento a las artes. También, observando el pináculo de la casa, podrán asombrarse con una torre circular rodeada de rejas que corona con gracia y sutileza el edificio, y desde la cual, por esos años, se podía ver casi todo Buenos Aires.
    Ciencuenta metros más allá de nuestra homenajeada, sobre la misma vereda, la estrambótica circulación vertical de una derruída galería comercial nos recuerda que el buen gusto y delicadez para construir parecen haberse perdido en nuestra ciudad -sin contar las excepciones- hace mucho tiempo.
    La Casa Grimoldi fue sabiamente restaurada hace no mucho tiempo, y se la pudo despojar así de una cartelería abrumadora, y poner en valor muchos elementos decorativos del frente, algo deteriorados. Sólo molesta- ¡y cómo!- un  saliente brazo metálico, como de robot barato, que brota del tercer piso, con el nombre de una popular casa de hamburguesas y papas fritas.
    Casi una profanación.
    antCon este nombre se conoce al colosal edificio ubicado en Av. Corrientes (2248/58/60) entre Paso y Larrea. Se construyó en 1918, su primer propietario fue Alberto Grimoldi, y su diseñador, el arquitecto italiano Virginio Colombo, de quien ya hemos dado múltiples referencias en anteriores notas sobre algunas de sus obras.
  • #62 • Febrero 2012
    Teatro Politeama

    ant1El teatro Politeama de la Avenida Corrientes dio lugar posiblemente al terreno baldío más tristemente célebre de la Ciudad de Buenos Aires.

     

     

     

  • #61 • Enero 2012
    Gemelos

    ant

    Los edificios gemelos del arquitecto Alejandro Bustillo son un ejemplo de clasicismo e ingenio.

  • #60 • Enero 2012
    Pasaje Roverano
    antEl Pasaje Roverano, verdadero pasaje al pasado que mantiene intacta la atmósfera y las razones que lo hacen inmortal.

     

     

REVISTA SEMANAL ONLINE - AÑO III